¿Cómo elegir videojuegos adecuados según la edad y las necesidades de cada jugador?

Elegir un videojuego para un niño, un adolescente o incluso para un adulto parece sencillo hasta que aparecen las preguntas importantes: ¿es apropiado para su edad?, ¿qué tipo de contenido incluye?, ¿es demasiado difícil?, ¿tiene chat con desconocidos?, ¿existen compras dentro del juego?, ¿puede jugar solo o necesita acompañamiento?

Una portada atractiva o unos personajes conocidos no bastan para responderlas.

Escoger videojuegos adecuados implica mirar a la persona y al juego al mismo tiempo. La edad es una referencia fundamental, pero también importan el nivel de madurez, la sensibilidad ante determinados contenidos, la experiencia previa, los intereses, la capacidad para manejar la frustración y la forma en que se jugará.

Los sistemas de clasificación pueden ser un buen punto de partida. ESRB, por ejemplo, utiliza categorías de edad y descriptores que indican la presencia de elementos como violencia, lenguaje, apuestas, desnudez o contenido sexual. PEGI también utiliza clasificaciones por edad y descriptores de contenido, aunque aclara que sus categorías se refieren a la adecuación del contenido por edad y no al nivel de dificultad del videojuego.

Pero ninguna etiqueta puede conocer por completo a cada jugador.

La mejor elección surge cuando la clasificación se combina con información sobre el contenido, el contexto de juego y las necesidades concretas de quien va a jugar.

Índice
  1. La edad es el primer filtro, no la decisión final
  2. No confundas edad recomendada con dificultad
  3. Mira los descriptores de contenido, no solo el número
  4. El temperamento del jugador también importa
  5. Piensa qué necesita ese jugador ahora mismo
  6. Si buscas un videojuego educativo, define primero qué quieres trabajar
  7. Los videojuegos online necesitan una revisión adicional
  8. Las compras dentro del juego también forman parte de la elección
  9. Una reseña detallada puede revelar cosas que la clasificación no cuenta
  10. Una prueba práctica: conoce el juego antes de recomendárselo a un menor
  11. La accesibilidad también debería formar parte de la decisión
  12. El idioma puede ser una ventaja o una barrera
  13. Un buen videojuego debe encajar también con la rutina familiar
  14. Qué buscar según las necesidades del jugador
  15. Una checklist útil antes de elegir
  16. Preguntas frecuentes sobre cómo elegir videojuegos adecuados
  17. Elegir bien no significa encontrar el videojuego perfecto

La edad es el primer filtro, no la decisión final

Cuando se compra un videojuego para un menor, empezar por la clasificación de edad permite descartar rápidamente opciones que no corresponden a su etapa.

Los sistemas como ESRB y PEGI están precisamente diseñados para orientar sobre la adecuación del contenido. ESRB, por ejemplo, diferencia entre categorías como Todos, Todos +10, Adolescentes, Maduros 17+ y Adultos únicamente 18+, acompañadas de descriptores que explican qué elementos motivaron o acompañan esa clasificación.

PEGI funciona con categorías como 3, 7, 12, 16 y 18, y su clasificación se centra en la adecuación por edad del contenido. Un detalle importante es que un juego con una clasificación baja puede ser apropiado por contenido pero demasiado complicado para un niño pequeño, mientras que uno con clasificación alta puede tener mecánicas sencillas pero incluir contenidos no adecuados para menores.

Esto explica por qué mirar solamente el número puede llevar a una decisión incompleta.

Un niño puede tener la edad indicada en la caja y, aun así, sentirse incómodo con determinadas escenas, asustarse fácilmente o frustrarse con un sistema de juego demasiado complejo.

La clasificación ayuda a responder “¿qué contenido puede encontrar aquí?”. La familia todavía necesita responder “¿es apropiado para este jugador?”.

No confundas edad recomendada con dificultad

Este es uno de los errores más frecuentes.

Un juego puede ser apto para una determinada edad desde el punto de vista del contenido y, sin embargo, exigir una capacidad de lectura, coordinación, comprensión o planificación que el niño todavía no domina.

PEGI explica expresamente que sus clasificaciones no indican el nivel de dificultad.

Imaginemos un niño que acaba de empezar a jugar. Un juego clasificado para su edad puede tener controles complejos, textos abundantes, objetivos poco claros o una curva de aprendizaje demasiado exigente. El problema no es que el juego sea “malo” ni que el niño no sea capaz de jugar. Simplemente quizá no sea la experiencia más adecuada para ese momento.

Por eso conviene revisar también la facilidad de juego.

Common Sense Media, por ejemplo, incluye en sus evaluaciones aspectos como la facilidad para aprender a jugar, la complejidad de los controles y las funciones de accesibilidad.

Un buen videojuego para un jugador concreto debería representar un desafío que pueda disfrutar, no una barrera que termine convirtiendo el tiempo de ocio en frustración.

Mira los descriptores de contenido, no solo el número

Dos videojuegos con la misma clasificación de edad pueden ofrecer experiencias muy distintas.

Uno puede incluir algo de violencia fantástica. Otro puede presentar escenas más intensas, lenguaje fuerte o temas que una familia prefiera evitar.

Los descriptores sirven precisamente para conocer esas diferencias.

ESRB incluye categorías relacionadas con violencia, sangre, lenguaje, apuestas, sustancias, desnudez y sexualidad, entre otros elementos.

Esto permite hacer una selección mucho más concreta.

Si el niño es especialmente sensible a escenas de terror, conviene investigar ese aspecto aunque el juego tenga una clasificación que, en principio, corresponda a su edad.

Si la familia quiere evitar compras o determinadas interacciones online, también tendrá que revisar esas características.

La clasificación responde a una parte de la pregunta. Los descriptores ayudan a completar el resto.

El temperamento del jugador también importa

Una de las ideas más útiles al elegir videojuegos es aceptar que no todos los niños reaccionan igual ante el mismo contenido.

Common Sense Media señala que aquello que resulta divertido o tolerable para un niño puede ser demasiado aterrador o frustrante para otro y recomienda considerar el temperamento y las características individuales, además de la edad.

Esto puede observarse fácilmente en casa.

Hay niños que disfrutan de una historia misteriosa y sienten curiosidad ante lo desconocido. Otros pueden tener pesadillas después de una experiencia de terror aunque las escenas no sean especialmente gráficas.

Algunos disfrutan de la competencia y aceptan perder varias veces. Otros se frustran rápidamente cuando no consiguen superar un nivel.

También hay jugadores que se sienten cómodos tomando decisiones abiertas y otros que prefieren objetivos muy claros.

Conocer estas diferencias permite elegir experiencias que encajen mejor con la persona.

Piensa qué necesita ese jugador ahora mismo

La elección cambia cuando se deja de pensar solo en la edad.

Un niño puede necesitar una experiencia sencilla que le ayude a ganar confianza con los controles. Otro puede estar buscando una actividad creativa. Un adolescente puede querer jugar con sus amigos. Otro quizá prefiera una aventura individual para relajarse.

Las necesidades también pueden cambiar con el tiempo.

Algunos jugadores buscan creatividad y construcción. Otros prefieren resolver problemas. Hay quienes disfrutan la cooperación y quienes se sienten más cómodos con experiencias individuales.

No hace falta convertir cada videojuego en una herramienta educativa. Pero sí vale la pena preguntarse qué tipo de experiencia encaja mejor con el momento.

Un juego de construcción puede ser interesante para alguien que disfruta creando. Una aventura narrativa puede funcionar mejor para un jugador atraído por las historias. Un juego cooperativo puede ser una buena opción para quienes disfrutan coordinándose con amigos o familiares.

La intención no tiene que ser académica para ser relevante.

Si buscas un videojuego educativo, define primero qué quieres trabajar

La etiqueta “educativo” puede resultar demasiado amplia.

¿Quieres practicar matemáticas? ¿Explorar historia? ¿Trabajar vocabulario? ¿Desarrollar planificación? ¿Estimular creatividad? ¿Practicar colaboración?

Cada objetivo requiere mirar características diferentes.

Un videojuego educativo útil debería tener alguna relación clara entre lo que el jugador hace y lo que se pretende aprender. La investigación sobre aprendizaje basado en juegos muestra que los resultados dependen del diseño de la experiencia, los objetivos y la forma en que se integra en la actividad educativa. Una revisión publicada en 2024 encontró resultados favorables en áreas como motivación, participación y determinados aspectos cognitivos y sociales, aunque también señaló diferencias importantes entre las intervenciones.

Por eso, no conviene elegir un juego solo porque la descripción diga “aprende mientras juegas”.

Es mejor comprobar qué acciones realiza realmente el jugador.

Los videojuegos online necesitan una revisión adicional

Cuando el juego permite conectarse con otras personas, la selección ya no depende exclusivamente del contenido del videojuego.

También hay que considerar el entorno social.

PEGI advierte que los juegos online pueden exponer a los jóvenes a lenguaje ofensivo, acoso, comportamientos agresivos y contenidos generados por usuarios que no necesariamente coinciden con la clasificación original del videojuego. También recomienda no compartir información personal y utilizar los mecanismos de bloqueo y denuncia cuando sea necesario.

Esto significa que un juego aparentemente adecuado por su contenido puede requerir mayor supervisión si tiene chat de voz, mensajes privados o interacción abierta con desconocidos.

Antes de permitir una experiencia online, conviene comprobar:

Si permite hablar con otros jugadores.

Si se puede bloquear o silenciar a determinados usuarios.

Si existe chat de voz o texto.

Qué opciones de privacidad ofrece.

Si se pueden controlar las comunicaciones.

Si el menor sabe cómo denunciar una conducta inapropiada.

Estas preguntas son tan importantes como la clasificación por edad.

Las compras dentro del juego también forman parte de la elección

Un videojuego puede ser adecuado por contenido y plantear, al mismo tiempo, desafíos económicos.

Algunos títulos incluyen compras de contenidos adicionales, objetos virtuales o diferentes formas de gasto dentro de la experiencia.

PEGI recomienda que las familias conozcan la posibilidad de compras integradas y utilicen controles parentales para gestionar el gasto, además del acceso online y el tiempo de juego.

Por eso conviene revisar antes de instalar o comprar un juego si utiliza este tipo de sistemas.

También es útil explicar a los niños que un elemento disponible dentro de un juego no equivale a algo que puedan comprar libremente.

Los controles técnicos ayudan, pero una conversación clara sobre dinero digital es igualmente importante.

Una reseña detallada puede revelar cosas que la clasificación no cuenta

Las clasificaciones son un excelente primer filtro, pero no describen necesariamente toda la experiencia.

Una reseña puede explicar cómo se desarrolla el juego, si existen escenas concretas, qué tipo de humor utiliza, cómo funcionan las interacciones sociales o qué elementos pueden resultar especialmente difíciles.

Common Sense Media, por ejemplo, evalúa los videojuegos considerando aspectos como contenido, facilidad de juego, mensajes, compras, lenguaje y valor educativo, además de ofrecer una edad recomendada propia basada en sus criterios de desarrollo.

Su sistema puede ser útil como fuente complementaria, no como sustituto de las clasificaciones oficiales.

Las reseñas ayudan a responder preguntas que una etiqueta no puede resolver.

¿Cómo es realmente el ambiente del juego?

¿Es lento y tranquilo o intenso y competitivo?

¿Hay momentos de miedo?

¿El jugador necesita leer mucho?

¿Puede jugarse de forma cooperativa?

¿Existen interacciones con desconocidos?

Cuanta más información tengas antes de elegir, menos posibilidades habrá de llevarte una sorpresa.

Una prueba práctica: conoce el juego antes de recomendárselo a un menor

No es necesario terminar un videojuego completo para formarse una idea.

A veces basta con observar una partida, leer una reseña detallada o jugar durante un rato.

PEGI recomienda a los padres consultar las clasificaciones, leer o ver reseñas y, cuando sea posible, jugar ellos mismos o junto a sus hijos para conocer mejor la experiencia.

Esta última opción tiene otra ventaja.

Permite descubrir qué es exactamente lo que atrae al niño.

Quizá descubras que no le interesa competir, sino construir. O que disfruta especialmente resolviendo acertijos. O que la parte online le resulta más importante que la campaña individual.

Esos descubrimientos ayudan a elegir mejor la siguiente experiencia.

La accesibilidad también debería formar parte de la decisión

Hablar de videojuegos adecuados significa pensar en jugadores con necesidades diferentes.

Algunas personas necesitan subtítulos, tamaño de texto ajustable, controles alternativos, reducción de estímulos, opciones de color, asistencia en la dificultad o diferentes configuraciones de audio.

Common Sense Media señala la accesibilidad entre los aspectos que pueden considerarse al evaluar la facilidad de juego.

Las opciones disponibles varían mucho entre títulos.

Por eso, cuando un jugador tiene una necesidad concreta, no basta con preguntarse si el juego “es para su edad”. Hay que comprobar si la experiencia puede adaptarse para que realmente pueda disfrutarla.

Un videojuego adecuado es también uno al que la persona puede acceder y utilizar de manera razonable.

El idioma puede ser una ventaja o una barrera

En muchos videojuegos, la comprensión del texto es una parte importante de la experiencia.

Para un niño que está aprendiendo a leer, un juego con instrucciones sencillas puede resultar manejable. Uno lleno de diálogos, términos complejos y explicaciones extensas puede ser demasiado exigente.

En algunos casos, jugar en otro idioma puede convertirse incluso en una oportunidad de aprendizaje. Pero eso depende del nivel del jugador y de que la dificultad lingüística no termine impidiendo comprender las reglas básicas del juego.

Por eso conviene revisar si existen subtítulos, traducciones, doblaje u opciones para modificar el idioma.

La pregunta no es solamente “¿puede jugarlo?”, sino “¿puede comprenderlo y disfrutarlo?”.

Un buen videojuego debe encajar también con la rutina familiar

Incluso un título apropiado por edad y contenido puede no ser la mejor elección para una familia determinada.

Un juego que exige sesiones muy largas puede ser difícil de integrar en una rutina escolar. Uno centrado en partidas competitivas puede generar conflictos si se juega justo antes de una obligación. Otro puede incluir comunicaciones constantes y requerir más acompañamiento.

Por eso conviene pensar también en el contexto.

¿Se jugará entre semana o los fines de semana?

¿Será una experiencia individual o familiar?

¿Puede pausarse fácilmente?

¿Se utilizará online?

¿Necesitará supervisión?

¿Interfiere con las horas de sueño?

Estas preguntas ayudan a evitar que un juego adecuado termine siendo una mala elección por el momento o la forma en que se utiliza.

Qué buscar según las necesidades del jugador

No existe una fórmula perfecta, pero pensar en perfiles puede orientar.

Para un jugador que disfruta creando, pueden ser interesantes los juegos con construcción, edición, diseño y libertad para experimentar.

Para alguien que disfruta resolviendo problemas, pueden encajar mejor los rompecabezas, aventuras con acertijos o experiencias de estrategia.

Para quienes buscan aprender, conviene identificar primero el contenido concreto que se quiere trabajar y comprobar que las mecánicas del juego realmente lo incorporan.

Para jugadores sociales, las experiencias cooperativas pueden ser atractivas, siempre que se revisen las funciones de comunicación y privacidad.

Para un jugador que se frustra fácilmente, puede ser preferible una experiencia con dificultad ajustable, objetivos claros y margen para avanzar a su propio ritmo.

Para alguien que se distrae con facilidad, un juego muy cargado de estímulos puede resultar menos cómodo que una experiencia sencilla y estructurada.

La elección mejora cuando parte de la persona y no solo del catálogo.

Una checklist útil antes de elegir

Antes de comprar, descargar o permitir un videojuego, puede ser útil pasar por una revisión rápida.

Primero, comprueba la clasificación por edad y los descriptores de contenido. Después revisa el nivel de dificultad y la facilidad de los controles.

A continuación, fíjate en las funciones online: chat, comunicaciones, contenido generado por usuarios y opciones de privacidad.

Revisa también las compras dentro del juego y los controles parentales disponibles.

Después piensa en la persona: ¿su edad, intereses, sensibilidad, experiencia y necesidades encajan con esta experiencia?

Finalmente, considera el contexto familiar: ¿cuándo jugará?, ¿con quién?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿puede pausarse fácilmente?, ¿afectará al sueño o a las responsabilidades?

No hace falta responder cien preguntas.

Pero sí conviene evitar elegir únicamente por la portada, la popularidad del juego o la presión de “todos mis amigos lo tienen”.

Preguntas frecuentes sobre cómo elegir videojuegos adecuados

¿La clasificación por edad es obligatoria para decidir?

No debería ser el único criterio, pero sí es un buen punto de partida. Los sistemas de clasificación ofrecen información sobre la adecuación del contenido por edad y los descriptores permiten conocer elementos concretos que aparecen en el juego.

¿Un juego con clasificación adecuada puede ser demasiado difícil?

Sí. PEGI aclara que sus categorías se refieren a la edad apropiada por contenido, no a la dificultad del videojuego.

¿Debo preocuparme más por el contenido o por el tiempo de juego?

Son cuestiones diferentes. El contenido ayuda a determinar si una experiencia es apropiada para la edad y sensibilidad del jugador. El tiempo determina cuánto espacio ocupa el gaming dentro de la rutina. Ambos aspectos merecen atención.

¿Qué debería revisar en un videojuego online?

Además de la clasificación, conviene comprobar el chat de voz o texto, las opciones de privacidad, los mecanismos de bloqueo y denuncia y la posibilidad de interactuar con desconocidos. PEGI recomienda enseñar a los menores a no compartir información personal y a reportar comportamientos inapropiados.

¿Los videojuegos educativos son adecuados para cualquier niño?

No necesariamente. Depende del contenido, la dificultad, el objetivo de aprendizaje y las características del jugador. Un buen recurso educativo debe adaptarse a la persona y tener una relación clara entre las acciones del juego y lo que se pretende aprender.

¿Es necesario que los padres jueguen con sus hijos?

No siempre, pero conocer el juego puede ser muy útil. PEGI recomienda leer reseñas y, cuando sea posible, jugar con los hijos para comprender mejor la experiencia y conversar sobre sus contenidos y reglas.

¿Cómo saber si un juego es apropiado para un niño sensible?

Además de la edad, conviene investigar específicamente las escenas que pueden provocar miedo, tensión o frustración. Las reseñas detalladas pueden ser útiles porque describen elementos que la clasificación general no siempre permite valorar por completo.

Elegir bien no significa encontrar el videojuego perfecto

No existe un juego que sea ideal para todos los niños, adolescentes o adultos.

La buena elección depende de varias piezas que deben encajar: edad, contenido, dificultad, intereses, sensibilidad, accesibilidad, funciones online, compras y contexto familiar.

Las clasificaciones como PEGI y ESRB permiten empezar con información objetiva sobre el contenido. Los descriptores ayudan a ir más allá del número. Las reseñas permiten conocer detalles de la experiencia y la observación directa ayuda a descubrir cómo responde realmente cada jugador.

También conviene recordar que elegir un videojuego adecuado no significa elegir el más educativo, el más popular ni el que promete más habilidades.

A veces la mejor elección es un juego sencillo que permite a un niño crear sin frustrarse. En otras ocasiones será una aventura que despierte su curiosidad, un juego cooperativo que pueda compartir con su familia o una experiencia de estrategia que lo haga pensar.

El criterio más útil puede resumirse en una pregunta: ¿este videojuego encaja con la persona que va a jugar y con la vida que lleva fuera de la pantalla?

Cuando la respuesta es sí, resulta mucho más fácil convertir el gaming en una experiencia segura, agradable y adecuada para cada etapa.

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